lunes, 8 de diciembre de 2014

CONFINACIÓN



El caracol se cubrió bien los ojos
con cera, 
inclinó la cabeza sobre el pecho
y mira fijo, 
fijamente en él.
Marin Sorescu.



Mi cartografía corporal, fabricada a partir de retazos de telas que han ido acompañando diferentes periodos de mi vida, simbolizan gran cantidad de recuerdos y sentimientos que resignifican un proceso llevado a través de los últimos años, de reunir memorias, de interiorizar reflexiones, de desprenderme de personas, sentimientos y dinámicas que me consumían desde dentro para no dejarme avanzar.
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La constante idea de la separación espíritu/cuerpo, ha hecho que éste  se vea como el envase del alma y como la encarnación del espíritu (Citro:2010). Esto ha traído consigo una separación entre razón/emoción que en muchas ocasiones me ha generado múltiples malestares, ha hecho que mi cuerpo se convierta en muchos cuerpos, en muchos fragmentos, que cada hecho importante de mi vida sea positivo o negativo produzca una ruptura en mí, en esta masa corpórea nombrada Natalia, algunos pedazos producto de esas rupturas han sido abandonados en el camino o se han conservados como algo muy preciado.


Me he sentido sumida en una oscuridad que consume, que me deja el cuerpo hecho pedazos sin luz para poder ver cómo y dónde recoger tantos fragmentos. He sentido cómo rasguño paredes inexistentes llenas de marcas anteriores que guían una salida que se ve más bien lejana, poco a poco puedo vislumbrar trozos que van apareciendo y se hacen más claros, los voy recolectando para poder intentar pegarlos, reintegrarlos en algún momento a lo que antes pudo definirse como cuerpo, mi cuerpo como lugar cultural que trae consigo diferentes significados fabricados fuera de él.


Los sentimientos y las emociones se materializan como enfermedades y dolores que no puedo controlar, somatizar cada cosa que se me escapa de las manos. El silencio no es sólo callar, es guardar y esconder: mi cuerpo silente confina emociones, las ata, las retiene, las va traduciendo en dolor físico. El cuerpo se vuelve una cárcel, una limitación.

Mi cuerpo leído  como un territorio, es el primer espacio en el que me ubico como individua (McDowell, 1999: 59). No puedo seguir haciendo una separación alma/cuerpo, no hay tal, ambas duelen por igual y se confunden, se vuelven uno, una masa maleable y transformable que puede usar la rabia y la desesperación para avanzar y construir. Soy un ser encarnado (Citro:2010) en un cuerpo que no pedí que viniera al mundo, que está lleno de cicatrices y marcas, un cuerpo que me (re)apropio, que hago mío y transformo. Este que no es simpe materia, que no es una tabula rasa (Le Breton: 2002) es cuerpo que se nutre de recuerdos, reflexiones y vivencias sólo existe porque le doy un significado, porque intento construirlo a mi antojo dentro de los límites de lo posible.

Mi cuerpo como producción de diferentes discursos y actuaciones públicas reproducidas a diferentes escalas (McDowell: 1999) no ha podido escapar a tantos estereotipos y expectativas impuestas externamente, desde una sociedad atravesada por régimenes corporales, ha  tenido que ir abandonando y destruyendo a través de procesos dolorosos y sufrimientos habitus incorporados, que en un tiempo reproducía para poder encajar.

Yo, mi cuerpo, ha pasado por un proceso de ceguera, sordera y mudez ha logrado quitarse las vendas, ha logrado (de)construir y (re)construir oscuridades para convertirlas en luz,  ha logrado desplazarse a otros lugares no necesariamente físicos o geográficos, ha tenido tránsitos que han ido derritiendo la capa envoltoria que no permitía ver y sentir más allá de la piel, ha logrado ensamblar odios y amores hacía sí misma y hacía otros/as para convertirlos en fuerza creadora que ha tenido repercusiones en el cuerpo (Del Sarto: 2012), de enfermedades, dolores y padecimientos al éxtasis, la felicidad y el placer como potencialidades.

Me siento como un caracol, que mirando dentro de sí misma, ve reunidos todos los fragmentos que recogió con gran esfuerzo para empezar a construir un cuerpo en el que se materializaran todas las emociones y decisiones que decidió mantener consigo para tener una vida nueva más allá del dolor hecho enfermedad.


  • ·    Citro, Silvia. (2010). La antropología del cuerpo y los cuerpos en el mundo. En: indicios para una genealogía (in) disciplinar. Silvia Citro (coord). Cuerpos plurales. Antropologia de y desde los cuerpos. Editorial Biblos, Buenos Aires. Pp. 17-58.
  • ·     Del Sarto, A. (2012). Los afectos en los estudios culturales latinoamericanos. Cuerpos y subjetividades en Ciudad Juárez. Cuadernos de literatura(32), 41-68.
  • ·   Le Breton, D. (2002). Lo inaprensible del cuerpo. En D. Le Breton, Antropología del cuerpo y modernidad (págs. 13-27). Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.
  • ·     Mc Dowell, L. (1999). Género, identidad y lugar: Un estudio de las geografías feministas. Ediciones Cátedra.




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