martes, 9 de diciembre de 2014

Cuerpos que trazan mapas y surcan fronteras




"To survive the Boderlands you must live 
sin fronteras be a crossroads" 
Gloria Anzaldúa 
Boderlands/La Frontera“

Mi cuerpo traspasa las fronteras, yo camino por esa línea que separa, une, interactúa, define al otro, te referencia a ti misma, discrepa de lo “puro” y los esencialismos, o quizás no…. No obstante, hago un simulacro de colores como esencia del contorno de mi cuerpo, como una pintura impresionista francesa frente a líneas nazca sobre la piel que se transporta a un telar bidimensional, donde comienza la esencia… comienza el trazado del mapa. 

De esta manera comienza el primer trazo, viéndome, en palabras de Butler, a través de quien me interpela. “[…] en realidad, solo puedo decir “yo” en la medida en que primero alguien se ha dirigido a mi y que esa apelación haya movilizado mi lugar en el habla; paradójicamente, la condición discursiva del reconocimiento social precede y condiciona la formación del sujeto: no es que le confiera el reconocimiento a un sujeto; el reconocimiento forma a ese sujeto” (Butler, 2002: 317). 

En esta cartografía he esbozado mi cuerpo, que es un cuerpo que cruza fronteras y que tejió su(s) identidad(es) a partir de ahí, de esa mirada al otro, de esa mirada a sí misma. Hizo del viaje su hábitat por el que va saltando entre espacios políticos, geográficos y/o culturales, desenfocando su visión y cultura de sonidos, para interpretar cada vez más mayores rangos de aprendizajes a través de los ojos, manos, oídos, nariz, boca, sentires… de otros cuerpos, en ocasiones sin tener que desplazarse de lugar, sino más allá de transcender a otro momento, a veces un viaje hasta dentro de sí misma. En este sentido, concuerdo con la propuesta de Linda Mc Dowell, cuando dice que “el viaje no tiene por qué incluir un gran desplazamiento geográfico, de hecho puede ser local e incluso puede realizarse sin desplazamiento físico alguno. Se trata de una experiencia de cambio que resulta de la transformación de las circunstancias económicas, sociales y culturales” (Mc Dowell, 1999:12). Igualmente, sugiero la visión de la misma autora sobre los espacios y las relaciones de poder; me permito nuevamente parafrasearla cuando describe como “los espacios surgen de las relaciones de poder; las relaciones de poder establecen la norma; y las normas definen los limites, que son tanto sociales como espaciales, porque determinan quien pertenece a un lugar y quien queda excluido, así como la situación o emplazamiento de una determinada experiencia” (Ibid, 1999: 10). No obstante, un cuerpo definido en un espacio determinado está cruzado por relaciones de poder que se dan en ese determinado lugar, y por tanto, los cuerpos en sí no son un problema, sino como nombran Ramírez y Moreno, “una relación socialmente construida” con esos cuerpos que han podido ser aceptados o no. (Ramírez; Moreno, 2013). 

He ido en cada paso y en cada cruce de fronteras de alguna manera generando una performatividad de mi identidad y de mi cuerpo, llegando a ser en el sur de Europa racializada como oscura, mientras en América Latina se me aclaró la piel, más allá de un sentido de colores, subyace una posición determinada por la relación de poder que se preestablecía histórica y geopolíticamente. Se me identificó como hombre en mi adolescencia por el corte de pelo y el vello de mi cuerpo, mujer más adelante por mi cuerpo y genitales, lesbiana por mi deseo y mi vestimenta, y tras una operación de pecho que tuve y una temporada post-operatoria donde solo podía usar camisas por imposibilidad de levantar mis brazos, se me identificó como chico trans por la imagen, ropa, pelo… y por tanto, cambiaba la respuesta de afuera. La identidad según los otros, la identidad de traspasar fronteras de cualquier tipo, la identidad de un viaje incluso cuando caminas por las mismas calles. En muchos momentos, he sentido un juego camaleónico, integrando en su piel diferentes estratos de texturas, colores y sabores ya sean voluntarios o impuestos. Butler nos remite a entender la realidad corporal como una realidad compleja, con una producción de normas y cuerpos que producen estrategias de identificación y desidentificación. Pero que en ambos casos, estas estrategias tiene determinadas luchas. La performatividad de los cuerpos incorpora una memoria más allá de las normas culturales, sino de la memoria del cuerpo (Butler, 2002). Bourdieu, por su parte, contempla en su concepto de habitus, como el producto de la historia, los instrumentos de elaboración de los social que invierte en el conocimiento práctico del mundo y la acción están socialmente elaborados, es decir, estructurados, por el mundo que estructuran (Bourdieu, 1999: 179). 

Yo me pregunto, cada vez que escucho “mi cuerpo es mio”, si realmente podemos reapropiarnos de nuestro cuerpo si al fin y al cabo es una identificación cultural, política y social dentro de un espacio y un momento determinado. Por tanto, ¿Dónde ponemos las fronteras del cuerpo? Lo usual podría ser considerar que la frontera del cuerpo está en los límites de la piel externa, pero en qué medida puede ser real, ¿no es ese cuerpo parte de un entorno por el que se mueve y habita? Le Breton escribe que “el cuerpo parece algo evidente, pero nada es, finalmente, más inaprehendisible que él. Nunca es un dato indiscutible, sino el efecto de una construcción social y cultural [...] normalmente occidental y moderna.” (Le Breton, 2002:14). En este sentido, Aydée Ramírez y Natalia Moreno disponen que “El cuerpo hace parte de un contexto que implica una historia social y corporal; es potencia, posibilidad, situación, contingencia, enseñanza, aprendizaje, lugar, encuentro. Y la praxis, la posibilidad consciente de transformación creativa y emancipadora cuyo único lugar posible son los cuerpos” (Ramírez; Moreno, 2013: 7). Es por tanto, que esta cartografía está diseñada desde un momento determinado de mi historia, del entorno, en un contexto específico donde creció y transitó, y hoy, precisamente hoy, destaco unas características determinada de mi cuerpo que posiblemente no serán las que destaque en el futuro esté donde esté en cualquier punto del viaje, traspasando cualquiera de las fronteras. 

Esther Martín











Bibliografía
- Anzaldúa, Gloria (2012) Borderlands/ La frontera. The new mestiza. San Francisco: Aunt Lute Books, 4th Edition.
- Bourdieu, Pierre (1999) El conocimiento por cuerpos. En Meditaciones pascalianas. Anagrama. Barcelona PP 169-214.
- Butler, Judith (2002) Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós.
- Le Breton, David (2002) Lo inapreciable del cuerpo. En Antropología del cuerpo y Modernidad. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 13-27
- Mc Dowell, Linda (1999) Género, Identidad y Lugar: un estudio de las geografías feministas. Ediciones Cátedra.
- Ramírez, Aydée; Moreno, Natalia el al (2013) ¿Discapacitadas nosotras? “Experiencias de exclusión y discriminación en los cuerpos: anormalidad, transgresión, fuga. Nómadas (Col), núm. 38, abril, 2013, pp. 151-165. Universidad Central de Bogotá




Desde la Frontera (E.Martín)

Yo vengo del sur cuando estoy en el norte
Yo vengo del norte cuando estoy en el sur. 
Mi piel se oscurece cuando llego a Madrid,
mi piel se aclara cuando regreso a Bogotá.

Desde una frontera de colores,

desde una frontera de sabores,
desde una frontera se va dibujando mi yo (Bis)

Siento que en cada viaje 
una parte de mi llega y otra se va.
Siento que la diferencia huele a besos
si te atreves a mirar.

Siento que yo no estoy tan lejos ni tan cerca

de fuera ni dentro,
Solo continuo mi navegar.

Desde una frontera de colores,

desde una frontera de sabores,
desde una frontera se va dibujando mi yo (Bis)

[Letra de la Canción/ improvisación de la presentación del material.]
 

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