domingo, 7 de diciembre de 2014


Yo no me perdí, tan solo me encontré
 

El avatar como creación de la inspiración, de la propia transformación y la  reivindicación con el cuerpo, no solo es una representación de si, al contrario es una exorcización de miedos y problemáticas personales, las cuales a través de la teoría han tenido sustento suficiente para realizar una verdadera transformación corporal y mental.

Para la construcción del mismo tuve en cuenta la necesidad propia de la aceptación con el mi cuerpo, siendo mi propósito desde la primera sesión realizar las paces con el mismo, siendo cada una de ellas una sanación para sí misma. Para la creación del Avatar me baso en Foucault quien describe la imagen del cuerpo como maquina útil para la sociedad,  siendo este un instrumento reflejo de la estética y estilización aceptada por la heteronormatividad impuesta, reflejando de esta manera el poder ejercido sobre nuestros cuerpos regulándolos y explotándolos para su beneficio (Citro, 2010).

El primer ejercicio realizado para la aproximación de la representación de mi propio cuerpo fue la creación de la silueta corporal, odiada muchas veces, modificada y vista como algo patógeno, parasitante, no saludable ni estético.  Como lo enuncia Butler en el año 2002 la performatividad corporal es considerada incompleta puesto que parte de la materialización sexual es el resultado de la norma y la estética impuesta desde la óptica heterosexual (Butler, 2002).  Asi mismo retomo a Butler desde la construcción del cuerpo hacia la construcción de la representación del mismo, realizando una personificación de mi propio yo, siendo entonces este la  proyección de si atravesada en la corporalidad. 

En ese primer ejercicio enunciado hice el rechazo de esa silueta plasmada, sexualizada y pornificada, no siendo la identificación física ni imaginaria propia, creando ocultamiento de las mismas; obedeciendo a ello y saliendo de los esquemas de regulación decidí escoger un personaje como proyección de si por gusto y por osadía, que no reflejara la imagen corporal común.

 La representación  corporal proyectada como un tigre sin importar su sexo, fue la elegida por mí, puesto que me identifico con el mismo, sus características como la fuerza de sus manos y sus garras en el ataque, la cautela para obtener su objetivo y su agilidad para superar los obstáculos,  a primera vista puede verse rudo pero puede llegar a ser domesticable y dócil, podría ser el rey de la selva pero su deseo no es ser elogiado ni exaltado, es silencioso, su visión aguda en la oscuridad es una gran característica que llama mi atención, siendo la oscuridad un espacio de comodidad, así mismo su rugido en el ataque es una forma de defensa, es un ser territorial en el lugar de comodidad.

 Me identifico con la mayoría de características del personaje, usualmente soy territorial en mis espacios de comodidad donde solamente acepto a personas de gran confianza, resalto las características en su corporalidad donde sus rayas y sus colmillos transmiten cierta frialdad,  de igual manera es de resaltar que me oculto de lo que me hace daño y prefiero espacios oscuros, puesto que la luz ya no es amiga de mis ojos (Ronquillo, 1855).

 Tales características del tigre se proyectan desde un  cuerpo visto como apariencia, desde un ser que lo moldea, lo despersonaliza le inculca cierta  disciplina como ejercicio mecanicista para ser evidente en su apariencia, dentro de el disciplinamiento del cuerpo se adoptan practicas comúnmente realizadas y aceptadas socialmente, dentro de tal régimen lamentablemente inicie mi construcción corporal, siendo asociada desde época escolar como “gordita” la popular “gordis” , obligada a adoptar ciertas prácticas con el único fin de tener pareja, reproductora y ser heteronormativamente aceptada, la teatralización de una fiesta de tacones de quinceañera, la cual solicite no ser realizada pero por obligatoriedad social tuve que ser disfrazada y vista como la súper mujer en una supuesta transición de niña a mujer, como si nunca lo hubiese sido, fui esa quinceañera que deseaba que su cuerpo no fuera sexualizado ni estuviera bajo la aprobación de otros, a la pregunta de mi padre por mi mala cara en absolutamente todas las fotos del agasajo mi respuesta y mi argumento fue el anteriormente expuesto, esta la considero como mi primera renuncia.



 Practicas como las dietas con  cuantificación estricta de calorías, el consumo de alimentos light era prioritario, la culpabilización al consumir alimentos que “engordan” recurriendo al vomito inducido o a la privación alimentaria, la autoformulación de diuréticos, laxantes, antidepresivos y otras sustancias, el moldeamiento del cuerpo con aumento de ciertas características físicas por medio del ejercicio o la cirugía corporal de la cual solo tengo el recuerdo del dolor generado y del dinero perdido en algo que solo tuvo permanencia en mi cuerpo un año, pero que genero acoso y vergüenza en la exposición del mismo (Turner, 1994), (Paez, 2013).

Todas estas prácticas ejercidas con el único fin de ser atractiva y obtener el cuerpo hipersexualizado deseado e impuesto por el machismo, cognotandolo como algo deseable y sano,  sin saber que ahondaba con cada practica en mi ignorancia y mi bolsillo, desde tales prácticas podemos enunciar el poder ejercido sobre nuestros cuerpos al tener que amoldarnos a estas heteronormatividad esteticista impuesta, creando patologización sobre tales cuerpos diferentes no deseados, pero es desde esta óptica que podemos afirmar que nuestros cuerpos no son propios, pertenecen a un estado que los regula ejerce su poder normatizando los comportamientos, la identidad, la sexualidad y la reproducción, creando discursos dirigidos a aquellos considerados vulnerables, pobres, dignos de no reproducirse como especie en pro del bienestar imaginario común, creando una supervivencia darwinista a los mejor dotados o tal vez de mejor posición social (Pedraza, 2007), es por ello que renuncio a planificar mi cuerpo y medicalizarlo de forma innecesaria.

 Estas características aceptadas y demandadas por la sociedad son un adaptación  a las  representaciones corporales frente al sexo y al género, considerándolas como símbolo de lo que se aprecia como masculino y como femenino (Mac Dowell, 1999), transgrediendo de esta manera los cuerpos y su libertad (Le Breton, 2002).

 Después del rechazo de tal imagen del cuerpo plasmado, reemplazado por la imagen del tigre que presenta mis lunares no aceptados en mi adolescencia, siendo extraídos de manera violenta sin tener resultados favorables para mi, las manillas en las muñecas como parte de mi identificación mis dos tatuajes el primero como símbolo de la superación de un evento amoroso pasado y superado,  el ultimo como esa renuncia al amor romántico donde abro mis opciones y mi renuncia a esa heterosexualidad impuesta, siendo este realizado en el transcurso del curso (Perez, 2009)..

 

 Los olores comúnmente tienen asociación con el estatus social y la identificación de alguien, el mercado realiza grandes inversiones en pro de la higienización y la desodorización  de los cuerpos, siendo pues determinantes del lugar que se ocupa, de la clase y la raza (Larrea, 1997).  Particularmente el aroma seleccionado para mi avatar es un perfume creado para cuerpos masculinos ya que son mi predilección los olores fuertes, ya que considero que los aromas de flores y sutiles no permanecen en mi cuerpo, en mi concepto reflejan docilidad de una feminidad esclavista y conformista.

 Otra parte importante de la expresión social, sensual y sexual es el cabello, este apreciado como fetiche en algunos casos, encrespado, alisado pero necesariamente presente en el cuerpo de mujer. El cabello largo socialmente es sinónimo de pureza y sensualidad, pero así mismo de la perduración del esclavismo hacia el mismo en tintes, tratamientos y otros con el fin de ser deseable (Arango, 2013).  Por tal razón realizo la renuncia al mismo puesto que no deseo ser más un cuerpo pornificado ni fetichizado, así mismo mi avatar no necesita de esos 20 cm de cabello para su construcción, pues no requiere de tal blanqueamiento (Hooks, 2001), este proceso se evidencia en el video proyectado en el cual plasmo la renuncia al cuerpo virginal, quinceañero y al cabello como perduración de tales categorías a lo largo de mi vida.

 El cubrir la piel con  pintura, tatuajes y otros permite transmitir sensaciones y sentimientos a través de esta, lo asocio con la libertad del cuerpo y del movimiento del mismo, creando por medio de la pintura una nueva piel, es por ello que adopto la pintura en la piel como tigre con el fin de dejar de lado los miedos y los complejos con el cuerpo, avanzando en el moldeamiento corporal.

 


 

La percepción desde lo visual tiene un lugar importante dentro de la domesticación de los sentidos, puesto que de esta manera nos permitimos el amoldamiento dentro de las sensaciones de lo estético, son las imágenes percibidas lo que comúnmente se cataloga como aptas, bellas o fuera de las normas (Mitchell, 2002).  No obstante el desarrollo de los otros sentidos es importante al presentarse disminución de la visión o perdida de la misma, lo cual obliga al adiestramiento y la optimización del tacto, del oído y otros sentidos para la supervivencia (Saramago, 1995), en mi avatar la visión es importante puesto que por medio de ella se realiza la representación del mismo por interpretación  simbólica, de igual manera la oscuridad es importante ya que hace parte de mi comodidad por eventos de fotofobia.

Pero las imágenes no solamente son creadas y recreadas desde la percepción visual, estas representaciones mentales también son creadas por medio de otros sentidos como el oído, el cual recibe estímulos por medio de vibraciones sonoras que crean imágenes mentales de lugares, momentos o personas, por ello mi presentación tiene un sonido roquero, he incluido una canción de Jimi Hendrix en primer lugar por gusto con las guitarras de la canción y en segundo lugar al considerar la letra de su canción una expresión de la masculinidad irrisoria y coqueta en la que persuade a la que considera su dama sexy con el único fin de ser su objeto de placer, posterior a ella se escucha el rugido del tigre respuesta ante tal expresión de agresión a la cual siempre estamos expuestas (De Oliveira, 2007).

 Comúnmente las representaciones corporales son presentadas como puestas en escena a través de una teatralización de la realidad, mediante el cual se crea un personaje que mediante mecanismos gestuales revelan la personalidad, es el avatar entonces una creación corporal que permite la recreación escenográfica de lo que se desea representar como modificaciones realizadas, exageraciones emocionales y movimientos repetitivos a través del cuerpo, con el único fin de dar identidad propia a través del personaje (Birringer, 1986).

 la identidad creada a través del cuerpo es como lo refiere Berenice Bento un significado propio de un cuerpo biológicamente sexuado, la personificación de un tigre aparentemente sin sexo biológico, que se encuentra dentro de la jaula construida por esa heteronormatividad y la hiper sexualización de su cuerpo, es fuerte, no llora ni se lamenta, su agresividad no es un obstáculo para su domesticación, así mismo es capaz por su agilidad de saltar sobre esa cerca impuesta, aceptarse y quererse, de esta manera realizamos a diario una transexualidad de nuestros cuerpos hacia lo que deseamos reflejar ante la sociedad sea considerado para esta como masculino, femenino o andrógino (Bento, 2011).


 

BIBLIOGRAFIA

 
Arango, L; Bello, J; Ramirez, S. (2013). “Genero, belleza y apariencia: la clientela de peluquerías en Bogotá”. En: Revista Nomadas No 38. Cuerpos, otros, subjetividades, otras. Universidad Central. IESCO.

Bento, B. (2011). Colling, L, compilador. Política de diferencia: feminismos y transexualidades. EDUFBA. Editora Da Universidade Federal da Bahia. Pp. 79-110.

Birringer, J. (1986). Pina Bausch : Dancing across Borders. The Drama Review: TDR. 30(2). Pp. 85-97.
 
Butler, J. (2002). Cuerpos que importan sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidos.

Citro, Silvia. (2010). La antropología del cuerpo y los cuerpos en el mundo. En: indicios para una genealogía (in) disciplinar. Silvia Citro (coord). Cuerpos plurales. Antropologia de y desde los cuerpos. Editorial Biblos, Buenos Aires. Pp. 17-58.

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Le Breton, D. (2002). Lo inacprencible del cuerpo. En: Antropologia del cuerpo y Modernidad. Ediciones Nueva Vision. Pp. 13-27.

Le Breton, D. (2006). Del gusto a la boca al gusto de vivir: Una gustación del mundo. El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos. Editorial Nueva Vision. Pp. 267-314.

Mac Dowell, L. (1999). Genero, identidad y lugar: Un estudio de las geografías feministas. Ediciones catedra.

Mitchell, W.J.T. (2002). Mostrando el ver: Una critica de la cultura visual. Estudios visuales. Revista de Estudios Visuales. (1). Pp. 16-38.
 
Paez, C. (2013). Las princesas ANA reflexión hermenéutica sobre la(s) subjetividad(es) e Identidad(es) emergente(s) en los blogs ANA. Universidad externado de Colombia.

Pedraza, Z. (2007).   Políticas y estéticas del cuerpo: la modernidad en América Latina. Zandra Pedraza (comp). Políticas y estéticas del cuerpo en América Latina. Uniandes. Bogotá. Pp. 7-39.
Perez, A. (2009). Cuerpos tatuados. “almas tatuadas: nuevas formas de subjetividad en la contemporaneidad”. Revista Colombiana de Antropologia. V. 45 (1). Pp. 69-94.
Ronquillo, J. (1855).Diccionario de materia mercantil, industrial y agrícola: contiene la indicación, la descripción y los usos de todas las merfancias.       Imprenta de D. Agustin Gaspar. Plaza de palacio.
Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. Caminho S.A.
 Turner, B. (1994). Los avances recientes en la teoría del cuerpo. Revista Española de Investigaciones Sociologicicas. (68). Pp. 11-39.

 

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