MI CUERPO EN
LA TELA
Margarita
Muñoz
Mi formación tradicional en colegios y
universidades colonizadas por cierta forma de conocimiento me hacen tener
dificultades para expresarme en formas diferentes que no sean logo centradas;
por eso la construcción de mi cartografía corporal, me generó angustia y
resistencia: pintar? un performance? quizás diseñar una heroína con poderes
para romper el sistema patriarcal? Al
final terminé recurriendo a la tela por cierta economía creativa, aunque el
ejercicio posterior resultó siendo demandante de creatividad, por las
necesidades de síntesis: un color que significara algo, una ubicación precisa,
un símbolo que recogiera una experiencia.
Entonces pintar con tempera sobre tela, fue
una opción e incluir otras formas, olores y texturas, podían como dice W.J.T.
Mitchell (2002) ser una forma de romper también con la centralidad en la
visualidad y hacer una invitación –leve- a la experiencia táctil, incluyendo
azúcar en algunas partes del lienzo, las partes carrasposas de mi piel y
perfume –el mío- en las partes donde usualmente lo uso.

El pelo construido y deconstruido en la
historia de mi vida y especialmente en los últimos dos años, ha sido una
ganancia, un estandarte, una bandera.
Durante 7 años me pinté el pelo, me alise 2 veces por semana, como una
forma de blanqueamiento, como una forma de acomodarme bien al sistema laboral,
como una forma de aparecer siempre bien.
Por eso el pelo es una rebeldía, un disenso frente a la esclavitud de la
pintura, una afirmación en el mismo espacio laboral, de que soy –en el pequeño
espacio del pelo- en contravía. Mi pelo crespo, es también un recuerdo, una
presencia. Mi abuelo negro, cartagenero
de nacimiento, muerto desde hace varios años, tenía su pelo crespo. Mi gusto por los libros y la lectura y cierto
sentido del humor, se los debo a él, así mi pelo también es un tributo. Quizás más adelante y recobrando las
experiencias colectivas del cuidado como las que narra Hooks (2000) en su texto
de la complicidad y el encuentro alrededor del tratamiento del pelo en mujeres
negras, vuelva a pintármelo, con la ayuda de mi madre y mis tías, contando
historias y riéndonos.
Narrar la historia del cuerpo resultó una
forma de narrar la historia de la vida. Y esto que aparecería obvio, no lo es
tanto en nuestro sistema cultural binario de pensar el cuerpo como algo
independiente de lo que somos. A veces el
cuerpo, un accesorio, una carga, un lugar por conquistar para que sea adaptable
al medio, un medio de competencia y por otro lado la razón o el espíritu o el
alma.
Con los años me siento reconciliada con mi
cuerpo, con las cicatrices y enfermedades que cuentan historias, con las canas
que van apareciendo, con los lunares que son puntos de referencia, con la
gordura que habla de mi placer por la comida y por cocinar, con el peso de la
vida sedantaria, con mi tamaño pequeño, fácil de abrazar, con mi color de piel,
con ser de aquí, de esta ciudad caótica e irresuelta. No es una idealización, ni romanticismo, es
un partir desde lo que se me había negado o cuestionado, ser mujer, ser
mestiza, tener cierta forma de cuerpo, salir del modelo dominante y desde allí,
tener un espacio propio y porque no, tener ahora una danza propia como las
formas de Pina Bausch, movimientos que narran historias, que se salen de la
rigidez del esquema, no porque la evadan, sino porque las han apropiado y las
dominan, tal vez porque ya no les asustan.
No puedo cerrar esta reflexión sin mencionar
que son las 11:30 y el hijo de 8 años de mi primo –que es mi hermano- entra a
una operación cerebral. Durante 3 meses
hemos padecido la lógica absurda del sistema médico, la omnipresencia del
especialista, como un dios, el que todo
lo sabe, el que “sí sabe”, el que
nunca está porque debe atender muchos casos en muchas clínicas, porque el
sistema económico lo obliga a tal, pero sin su aprobación no puede pasar nada;
el que al final toma las decisiones sobre qué hacer o no. Y nosotros, los cercanos al niño,
disminuidos, entregados a los antibióticos, a los “avances de la ciencia”, que no sabemos cómo funcionan, por más
que consultemos por internet y revisemos otras experiencias. En una clara
relación de desventaja frente al poder médico, que tiene poco tiempo para
hablar y explicar a la madre y el padre que pasa, que tal vez no sepan que pasa.
Entonces el cuerpo, en este caso de un niño, se vuelve una cosa, el centro de
la experimentación de los dispositivos de la ciencia. Entonces veo a todos a mí alrededor volviendo
a crear a dios, frente la fragilidad absoluta, frente la negación en nuestra cultura
a aceptar que somos también muerte y enfermedad, que nada es tan real como esto
y que estamos vivos. Esta es una cita a Foucault.

BIBLIOGRAFIA
Mitchell W.J.T. (2002) Mostrando el ver: una
crítica de la cultura visual. Estudios
visuales. Revista de Estuios Visuales.
No. 1. 2003, pp 16-38. http://www.estudios
visuales. Net/revistas/index.htm.
Hooks, Bell. (2000) Alisando nuesto pelo a
Gaceta de Cuba, enero-febrero 2005. No.
1. Pp 70-73. Criterios. La Habana. Traducción Desiderio Navarro
“Straightenin our hari”, Zeta Magazine. Septibmre 1988. Pp 33-37. Reprod. En Good Reasons. Eds. Lestr Faigley y
Jack Seizer. Boston, Longman Publisher, 2001. Pp 446-452.
Birringer, Johannes (1986) Pina Bausch:
Dancing across Boders the dram review: TDR. VOL 30 No. 2. (Summer, 1986), pp
85-97. The MIT Press Article Stable
URL. http://www.jstor.org.ezproxy.unal.edu.co/stable/1145729.
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