lunes, 8 de diciembre de 2014

Mi cuerpo en la tela.


MI CUERPO EN LA TELA

Margarita Muñoz

 

Mi formación tradicional en colegios y universidades colonizadas por cierta forma de conocimiento me hacen tener dificultades para expresarme en formas diferentes que no sean logo centradas; por eso la construcción de mi cartografía corporal, me generó angustia y resistencia: pintar? un performance? quizás diseñar una heroína con poderes para romper el sistema patriarcal?  Al final terminé recurriendo a la tela por cierta economía creativa, aunque el ejercicio posterior resultó siendo demandante de creatividad, por las necesidades de síntesis: un color que significara algo, una ubicación precisa, un símbolo que recogiera una experiencia.

 

Entonces pintar con tempera sobre tela, fue una opción e incluir otras formas, olores y texturas, podían como dice W.J.T. Mitchell (2002) ser una forma de romper también con la centralidad en la visualidad y hacer una invitación –leve- a la experiencia táctil, incluyendo azúcar en algunas partes del lienzo, las partes carrasposas de mi piel y perfume –el mío- en las partes donde usualmente lo uso.

 


 

El pelo construido y deconstruido en la historia de mi vida y especialmente en los últimos dos años, ha sido una ganancia, un estandarte, una bandera.  Durante 7 años me pinté el pelo, me alise 2 veces por semana, como una forma de blanqueamiento, como una forma de acomodarme bien al sistema laboral, como una forma de aparecer siempre bien.  Por eso el pelo es una rebeldía, un disenso frente a la esclavitud de la pintura, una afirmación en el mismo espacio laboral, de que soy –en el pequeño espacio del pelo-  en contravía.  Mi pelo crespo, es también un recuerdo, una presencia.  Mi abuelo negro, cartagenero de nacimiento, muerto desde hace varios años, tenía su pelo crespo.  Mi gusto por los libros y la lectura y cierto sentido del humor, se los debo a él, así mi pelo también es un tributo.  Quizás más adelante y recobrando las experiencias colectivas del cuidado como las que narra Hooks (2000) en su texto de la complicidad y el encuentro alrededor del tratamiento del pelo en mujeres negras, vuelva a pintármelo, con la ayuda de mi madre y mis tías, contando historias y riéndonos. 

 

Narrar la historia del cuerpo resultó una forma de narrar la historia de la vida. Y esto que aparecería obvio, no lo es tanto en nuestro sistema cultural binario de pensar el cuerpo como algo independiente de lo que somos.  A veces el cuerpo, un accesorio, una carga, un lugar por conquistar para que sea adaptable al medio, un medio de competencia y por otro lado la razón o el espíritu o el alma. 

 

Con los años me siento reconciliada con mi cuerpo, con las cicatrices y enfermedades que cuentan historias, con las canas que van apareciendo, con los lunares que son puntos de referencia, con la gordura que habla de mi placer por la comida y por cocinar, con el peso de la vida sedantaria, con mi tamaño pequeño, fácil de abrazar, con mi color de piel, con ser de aquí, de esta ciudad caótica e irresuelta.  No es una idealización, ni romanticismo, es un partir desde lo que se me había negado o cuestionado, ser mujer, ser mestiza, tener cierta forma de cuerpo, salir del modelo dominante y desde allí, tener un espacio propio y porque no, tener ahora una danza propia como las formas de Pina Bausch, movimientos que narran historias, que se salen de la rigidez del esquema, no porque la evadan, sino porque las han apropiado y las dominan, tal vez porque ya no les asustan.    

 

No puedo cerrar esta reflexión sin mencionar que son las 11:30 y el hijo de 8 años de mi primo –que es mi hermano- entra a una operación cerebral.  Durante 3 meses hemos padecido la lógica absurda del sistema médico, la omnipresencia del especialista, como un dios, el que todo lo sabe, el que “sí sabe”, el que nunca está porque debe atender muchos casos en muchas clínicas, porque el sistema económico lo obliga a tal, pero sin su aprobación no puede pasar nada; el que al final toma las decisiones sobre qué hacer o no.  Y nosotros, los cercanos al niño, disminuidos, entregados a los antibióticos, a los “avances de la ciencia”, que no sabemos cómo funcionan, por más que consultemos por internet y revisemos otras experiencias. En una clara relación de desventaja frente al poder médico, que tiene poco tiempo para hablar y explicar a la madre y el padre que pasa, que tal vez no sepan que pasa. Entonces el cuerpo, en este caso de un niño, se vuelve una cosa, el centro de la experimentación de los dispositivos de la ciencia.  Entonces veo a todos a mí alrededor volviendo a crear a dios, frente la fragilidad absoluta, frente la negación en nuestra cultura a aceptar que somos también muerte y enfermedad, que nada es tan real como esto y que estamos vivos. Esta es una cita a Foucault.  

 


 

 

BIBLIOGRAFIA

Mitchell W.J.T. (2002) Mostrando el ver: una crítica de la cultura visual.  Estudios visuales.  Revista de Estuios Visuales. No. 1. 2003, pp 16-38.  http://www.estudios visuales. Net/revistas/index.htm.

Hooks, Bell. (2000) Alisando nuesto pelo a Gaceta de Cuba, enero-febrero 2005.  No. 1. Pp 70-73.  Criterios.  La Habana. Traducción Desiderio Navarro “Straightenin our hari”, Zeta Magazine. Septibmre 1988. Pp 33-37.  Reprod. En Good Reasons. Eds. Lestr Faigley y Jack Seizer. Boston, Longman Publisher, 2001. Pp 446-452.

Birringer, Johannes (1986) Pina Bausch: Dancing across Boders the dram review: TDR. VOL 30 No. 2. (Summer, 1986), pp 85-97.  The MIT Press Article Stable URL.  http://www.jstor.org.ezproxy.unal.edu.co/stable/1145729.

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