¿En qué piensas cuando piensas en cicatrices?[1]
Me siento a escribir, a arrancarme las palabras en
un ejercicio de esforzada autorreferencialidad, a mostrarme y a tornarme un
poco más accesible, a compartir la ficción de los límites en los que se hace
extensible mi cuerpo. Escribo y dinamito las fronteras del fondo y la forma de
lo privado, leo mi cuerpo que deambula marcado como presencia en el espacio, y
pienso, desde ahí en lo inaprehensible (Le Breton: 2002).

Las anti-muñecas quieren ser “la materialización de
la búsqueda de representaciones y auto-representaciones diferentes de lo que se
ha aprendido de cómo deben ser lxs cuerpxs y el comportamiento de las mujeres:
color de piel claro, delgada, simétrica y voluptuosa; bien portada y sumisa.
Las anti-muñecas están hechas de trapos y en formatos únicos para mostrar que
las mujeres no son un modelo unitario, sino al contrario, que en la diferencia
y su reconocimiento radica la riqueza”[2]. Y
presento mi anti-muñeca como un recorrido por mi propio cuerpo, a través del
que me sitúo y me hago visible, a través del que me produzco. Con la
anti-muñeca que revisita mi cuerpo me propongo mapear los sentidos, las
emociones, los lugares, las relaciones… diferenciando el tatuaje como marca
corporal con un significante y significado indisociables, situados e
interrogados en un presente continuo.
El tatuaje en mí traspasa las nociones normativas
estéticas como cuerpo que se construye en disputa en la modernidad. Los
tatuajes narran en mi cuerpo esas mis grandes historias, reparan gratos y duros
momentos, expresan placer, esconden dolor, se inscriben como pactos de afectos
y emociones, me enraízan y vinculan a los lugares. Son formas de construcción
propias, de reflexión y escritura en el cuerpo encarnado (Citro: 2010) y
cuentan parte de la memoria que me quiero esforzar por recordar; por haber
estado y seguir estando siendo.
La ocupación de múltiples geografías (Mc Dowell:
1999) se cartografía en mi cuerpo de antimuñeca como trayectos que emergen
atravesados por la clase y la ruralidad, y en el recorrido de lugares que
evocan al seguir estando siendo desde las experiencias de frontera, de viaje,
de tránsito, de idas y vueltas, de rayarse con lo contextual, con la esperanza
en los procesos de muda, de mutilación y de lesión, que no son unívocos, que
cambian en y con los tiempos, para sentirse sola y con una misma, y en continua
relación con quienes se articula un (hiper)vínculo de afectos y disoluciones,
de construcción de deseo.
Pensar que el cuerpo tiene sus razones y romper
entre la dicotomía que me separa de mi cuerpo (Citro:2012) reorienta la
ubicación de posesión entre el ser MI cuerpo y estar en MI cuerpo. Y en los
procesos de catarsis emocional y física, las distancias entre estas dimensiones
se acortan y se conjugan funcionalmente para entender como orgánicamente me voy
viviendo.
Mi cuerpo también inscribe un proceso de
politización consciente, y dispongo mi cuerpo como discurso habitado (Butler:
2002) desde lo cotidiano, que escapa a unas normatividades, pero, que, como
paradoja que subyace, se inscribe en otras. Los procesos de identificación
personal como individuas únicas y especiales se convierten también en trampas
del proyecto de modernidad del libre soberano. Sin embargo, la apuesta de
atravesar el cuerpo con discursos y marcas son también actos políticos de
transgresión estética y hacia el régimen cis y heterosexual impuesto.
Socializada como niña machorra, que no gustaba del
juego feminizado como desafío a lo que se cuenta como civilizado y no enfermo,
ahora me encuentro jugando con muñecas, y eso ya no me destruye ni me contraría.
Porque el juego con el cuerpo se moldea ubicando placeres, fortalezas y
doleres, y, todas juntas, se me amarran a la espalda, construyendo las vías de
un camino indefinido, no evidente, de tránsito.
Textos de referencia:
-
Butler, Judith (2002). Introducción. Cuerpos que
importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos
Aires: Paidós.
-
Citro, Silvia (2010). La antropología del cuerpo y los
cuerpos en-el-mundo. Indicios para una genealogía (in)disciplinar. En Silvia
Citro (Coord.), Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos,
(pp. 17-58). Buenos Aires: Editorial Biblos.
-
Le Breton, D. (2002). Lo inaprensible del cuerpo. En D.
Le Breton, Antropología del cuerpo y modernidad (págs. 13-27). Buenos Aires:
Ediciones Nueva Visión.
-
McDowell, L. (1999). Género, identidad y lugar: Un
estudio de las geografías feministas. Ediciones Cátedra.




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