“El
cuerpo hace parte de un contexto que implica una historia social y corporal;
es potencia, posibilidad,
situación, contingencia, enseñanza,
aprendizaje, lugar,
encuentro”
“¿discapacitadas nosotras?” experiencias de
exclusión y discriminación en los cuerpos:
anormalidad,
transgresión, fuga.
La pregunta por el cuerpo y cómo
éste ha sido el lugar donde se han inscrito mis historias, dolores,
frustraciones, aprendizajes y alegrías
había aparecido en diferentes momentos de mi vida, pero no contaba con las
herramientas necesarias cómo para reconocer mi historia a través del cuerpo.

Siempre he sido nombrada mujer y mi construcción ha sido de “mujer”, desde el momento en que nacemos, como dice Judith Butler en cuerpos que importan, “la interpelación médica hace pasar a un niño o una niña de la categoría de “el bebé” a la categoría de “niño” o “niña” y la niña se feminiza mediante esa denominación que la introduce al terreno del lenguaje y el parentesco, a través de la interpelación de género”. Este proceso de construcción de mi feminidad aún no ha acabado, a lo largo de toda mi vida por medio de ciertos mecanismos me han sido interiorizadas una serie de normas y reglas que han naturalizado la idea de lo que es “ser mujer”.
En mi cartografía se ve representada las estructuras del género operando en lo que soy, en lo que creen que soy y en lo que era. Los recuerdos han atravesado esta manera de reconocerme y ubicarme en un espacio del cual nunca me he sentido dueña y mi construcción como “mujer” no me ha permitido ocupar. El hecho de no tener permitido ciertos ruidos, ni cierto tono de voz; la regulación social siempre te está recordando el lugar que te ha sido asignado y debes seguir ocupando.
No soy la
misma, tampoco quiero serlo, la idea de reconocer mi cuerpo como un lugar
político, que no sólo conlleva opresiones sino que puedo encontrar un sin fin
de resistencias, me ha llevado a
reinterpretar mis dolores, mis miedos y mis penas (en el sentido
cristiano de la palabra); las marcas que he encontrado en mi cuerpo representa
un lugar y un espacio específico que he ocupado, nunca de la misma manera, pero
siempre han sido momentos materiales y corpóreos que he enfrentado. En mi vida
siempre han estado presentes las tareas
de cuidado, de diferentes maneras; la responsabilidad del cuidado siempre ha
recaído en mí y en las mujeres de mi casa (hecho naturalizado en mi familia y
en la sociedad en general).
En mi cuerpo se ven reflejados y están marcadas las tareas de cuidado, que han sido un continum, pues siempre hay alguien que necesita de ellas. Al tener en la familia una persona que tiene una “enfermedad mental” como la esquizofrenia, los problemas del cuidado empiezan vislumbrarse de manera irrisorias pues, como se menciona en la investigación “¿discapacitadas nosotras?”: “los obstáculos culturales y sociales que agudizan y profundizan las dinámicas incapacitantes de una sociedad que tiene serios conflictos de convivencia con sus alteridades, que se traducen en desigualdad social, violencia, anomia e indiferencia”, ya que empieza a ser un tema íntimo de las familias, del cual no se habla en público y sobre el cual muchas personas tienen un desconocimiento que implica violencias sobre las personas que lo vivimos, empieza también a ser un tema vedado en reuniones y si de pronto se te escapa algo que puede ser doloroso para ti genera indiferencia en los interlocutores.
En mi cuerpo se ven reflejados y están marcadas las tareas de cuidado, que han sido un continum, pues siempre hay alguien que necesita de ellas. Al tener en la familia una persona que tiene una “enfermedad mental” como la esquizofrenia, los problemas del cuidado empiezan vislumbrarse de manera irrisorias pues, como se menciona en la investigación “¿discapacitadas nosotras?”: “los obstáculos culturales y sociales que agudizan y profundizan las dinámicas incapacitantes de una sociedad que tiene serios conflictos de convivencia con sus alteridades, que se traducen en desigualdad social, violencia, anomia e indiferencia”, ya que empieza a ser un tema íntimo de las familias, del cual no se habla en público y sobre el cual muchas personas tienen un desconocimiento que implica violencias sobre las personas que lo vivimos, empieza también a ser un tema vedado en reuniones y si de pronto se te escapa algo que puede ser doloroso para ti genera indiferencia en los interlocutores.
La
esquizofrenia no sólo la vive la persona que tiene la enfermedad también la
vivimos nosotros, los que estamos cerca, muy cerca, sobre quienes recae la
responsabilidad de proveerle un mejor vivir o por lo menos un vivir para la
persona que padece la enfermedad.
Los
visitas a las clínicas de reposo durante años fueron “el plan familiar de los
domingos”, de los cuales tengo ya muy pocos recuerdos; el ver tantas personas
que padecen enfermedades mentales encerradas en estas “otras cárceles”[1],
personas con una lucidez impresionante pero que no soportaron vivir bajo estos
regímenes de opresión y producción desmedida; estos cuerpos son catalogadas
como “improductivos e inútiles en el sistema de producción hegemónico”, las
cuales representan una carga para la sociedad, y qué mejor manera de sobre
llevar una carga que escondiéndola y poniendo a otrxs a realizar los trabajos
de cuidado que nosotrxs no estamos dispuestos a realizar.
Las enfermedades mentales forman
parte de otro tipo de discapacidades, que no se ve (en algunos casos) a simple
vista, y por lo mismo las maneras de relacionarnos con ellas también son
diferentes, es difícil entender que una enfermedad está presente, cuando nos
han enseñado que las enfermedades se hacen evidentes y generan marcas en los cuerpos. ¿Cómo
enfrentar una enfermedad cuando no sabemos realmente donde encontrarla?, cuando
nos han mostrado que existe un alma y un
cuerpo, y estas no encajan en ninguna?. La manera de enfrentarnos a estas
enfermedades “innombrables” son diferentes y causan una sensación de culpa y
responsabilidad de quien la padece con
sus cuidadores , es entonces cuando estas
personas buscan un punto de fuga, un escape que permita una estabilidad para
los demás y sobre todo para sus propios cuerpos, “restaurándole
su sensibilidad y sabiduría innatas y dándole posibilidades de expresión, puede
el cuerpo contemporáneo brindar equilibro y sentido total a la existencia humana.” como
menciona Zandra
Pedraza Gómez en su texto: El
régimen biopolítico en América Latina.
La idea de
un equilibrio puede comportar la inserción al mundo de producción de
diferentes maneras, en mi caso la
religiosidad fue este punto de
fuga, que le brindo y nos brindó una estabilidad, junto a un pacto implícito de
silencio y olvido.
Bibliografía:
Butler, J.
(2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del
“sexo”. Buenos Aires. Paidós.
Pedraza, Z.
(2007). Políticas y estéticas del
cuerpo: la modernidad en América Latina. Zandra Pedraza (comp). Políticas y
estéticas del cuerpo en América Latina. Uniandes. Bogotá. Pp. 7-39.
Ramírez, A., Moreno, N, montllor, J y bejarano, L (2013) “¿discapacitadas
nosotras?” experiencias de exclusión y discriminación en los cuerpos: anormalidad,
transgresión, fuga. Nómadas (Col), núm. 38, abril, 2013, pp. 151-165 Universidad
Central. Bogotá, Colombia.
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