domingo, 7 de diciembre de 2014

"Los machos/varones no se  maquillan, es cosa de mujeres"
  MAKEUP IN MEN


  
Una estudiante de bachillerato pasó un proyecto para su asignatura de emprendimiento, proponiendo la elaboración y creación de maquillaje para los hombres, idea que fue contundentemente desestimada por considerar (los jueces) que no tenía ninguna posibilidad de éxito, por ser absurdamente realizable. ¿Pero realmente esta posible empresa fracasaría?

Uno de los más grandes tabús de la industria de la imagen, de los cosméticos y productos de belleza, es el maquillaje para hombres. Los hombres por lo general no se maquillan, pero eso no quiere decir que no se tenga que hacer para eventos especiales. El maquillaje para el hombre tiene que ser sencillo y su función principal es tapar algunas imperfecciones de la piel como las arrugas o las bolsas de los ojos[1].

Que podríamos decir sobre el maquillaje para hombres, en general sobre el maquillaje, solamente es para uso femenino, y únicamente es para realzar la belleza -una impuesta definición occidental de lo que debe ser bello, hermoso, lindo, bonito, agradable a la vista, etc.-; o en el caso de los adolescentes de ocultar imperfecciones en la piel (como el acné); o en personas trans, o como mascara en actrices, actores, mimos y otras actividades relacionadas. En vez de lo anterior, mencionando un punto de vista académico, citar a Calderón (2006), quien expone con más profundidad, este concepto, así:     

“El maquillaje es la herramienta del transformismo: ´El rostro tiene una ausencia, por ello es la reina del maquillaje. Cuando el rostro habla, la boca calla y así en un juego de ilusiones, la estratega lucida mueve los labios queriendo decir algo´ (80). En fin, la ciudad esta también maquillada, con sus anuncios publicitarios, sus graffitis, sus paneles de seguridad, etc. De noche, sus luces la transforman y la embellecen tal como a la mujer. La ciudad es "macha" pero con cobertura femenina; la ciudad es travesti (p. 48).”

Entonces, ¿A qué se debe que en algunas regiones del mundo los hombres no se maquillan, o al contrario, se maquillen?, ¿Tiene el mismo sentido, significado, función que el maquillaje en las mujeres?, ¿Qué tipo de maquillaje debe hacerse un hombre sin que sea interpretado como feminización o cambio en su identidad/orientación sexual?, ¿Realmente es necesario que los hombres se maquillen?, ¿Que le hace pensar a muchos hombres que el maquillaje solo le corresponde al género femenino? Estas y otras inquietudes que podría seguirme haciendo al respecto, que giran en torno a este (¿inequitativo?) tema, expuesto en el título[2], sobre el mito (así puede categorizarse) alrededor del uso -o no- de maquillaje en el común de los hombres, de todas las edades (primordialmente los adultos) sin que necesariamente lleve a pensar en querer materializar una postura, orientación, preferencia homosexual, sino simplemente para verse o sentirse más atractivos y más bellos.

Apoyando lo anterior, Agudelo Torres (2008) dice al respecto: “el maquillaje se presenta como un instrumento de la anatomopolítica, utilizado para reconfigurar y normalizar los cuerpos, y, a su vez, como un dispositivo que hace posible impugnar las normativas que regulan la construcción de los cuerpos…” (128). Sé que en cuestiones de estética/presentación personal, o por ciertos parámetros (estereotipados) de imagen social positiva, hay muchas ayudas en el proceso de embellecimiento de las mujeres (como la ropa, accesorios pequeños y grandes, mezclas odorizadas, productos elaborados para la limpieza e higiene en diferentes partes del cuerpo), en este escrito solamente me enfoco en el maquillaje del rostro, y para los hombres, que exageradamente se sientan heterosexuales. Esta percepción masculina del cuerpo dentro de las teorías de Bourdieu sobre las prácticas humanas. Investigaciones recientes (Bordo, 1999; Featherstone, 1991; Giddens, 1991; Gill, Henwood, y McLean, 2005; citados por Ricciardelli R., y Clow K., 2009) han sugerido la percepción del cuerpo como vehículo para la mejora personal.

Antes no me había preguntado por qué los hombres no se maquillan (o por que sí[3]), incluso creo que hacerme el interrogante en esta época, realmente no es tan conflictivo a diferencia que si la hubiera planteado hace veinte o más años. A simple vista podría pensarse que permanece naturalizado el uso del maquillaje en las mujeres, pero si nos internamos más a fondo hasta llegar a la intimidad, al mundo privado -y vanidoso- de muchos “varones”, es posible descubrir que la mayoría nos maquillamos (diferente a quienes lo hacen para transformarse[4] o por su oficio y trabajo). Es tal la cantidad de productos[5] de belleza que utilizan a diario los hombres, con la misma equivalencia que para el género femenino; actividad que bien podría interpretarse como prácticas y rutinas de acicalamiento, de embellecimiento, lucimiento, atraimiento, o el ocultamiento de defectos en la cara (el acné y las manchas, no son solamente de los adolescentes), técnicamente “maquillándose”, mayormente el rostro/cabeza, por razones que tienen que ver específicamente con mejorar socialmente su imagen física y estética (¿y desde cuándo?). 

Un cierre con sarcasmo, desde una postura sesgada.

            Me avergüenza tener que confesar que todo un individuo academicista, con ínfulas de investigador, intelectual y culto, no tenga remota idea, de cómo maquillarme, donde conseguir los productos, cuales usar y mucho menos el dinero a invertir para comprar artículos básicos (por no nombrar la odiosa palabra “cosméticos”), además no puede ser una única vez, sino regularmente, replicando los balances económicos que ostentan las mujeres que se maquillan. Tampoco me imagino acercándome a cualquier almacén (incluso la panadería) para preguntar a la vendedora si tienen maquillaje para hombres, después de observarme -en silencio- con una vaga expresión de mirar un estúpido (en mi caso de haber pronunciado una idiotez), posiblemente, ella caiga en cuenta que me refiero a “pintucaritas”, que soy mimo, o trabajo por horas como payaso para las fiestas infantiles; entonces recuperando su tranquilidad me recomiende visitar una piñatería[6].

Pero si me atiende un espécimen del género masculino, de esos bien “machos” (¿o machistas?) y recalcitrantemente tradicional, su reacción será hacerme repetir la cuestión para confirmar si me ha entendido bien; visualizo su expresión entre asco y repulsión -como si oliera una flatulencia-, me mirara muy lentamente de arriba a  abajo, y de abajo a arriba, intentando descubrir una leve señal homosexual, por sutil que sea, intentando acertar sobre mi orientación sexual (para él, muy desorientada), pensando tal vez “¡pobrecito, hasta ahora salió del closet!”. Mas su solidaridad y esencia de hombre, no se dará por vencida conmigo, esbozara una amplia y autentica sonrisa, me hará un guiño cómplice que interprete como: ¡ahhh cotizón[7]!, felicitándome, me dirá: “¿y quién es la afortunada?” Ante mi duda y turbación para responderle, sintiéndose traicionado, volverá con desesperanza a su adusta posición, se ocultara en un oscuro rincón y desde ahí con una voz de ultratumba, muy grave, casi que arrastrándola, con rabia pronunciara: “…aquí no es”. Callando para siempre.               

 ...Lo único que yo quiero es tener la experiencia del maquillaje en mi piel, tendré que recurrir a los consejos y tips, que ya colocan cada dia en mayor aumento por Internet, para goce y disfrute del genero femenino. 





Referencias


Agudelo Torres M. A. (2008). Definir lo indefinible: El papel de las tecnologías de construcción corporal en las problemáticas sobre el cuerpo como territorio en disputa. Signo Y Pensamiento, 27(53), 128-139.

Calderón T. (2006). Cartografía de la Ciudad: La Casa Subversiva En Naciste Pintada (1999), de Carmen Berenguer. En ingles: cartography of the city: the subversive house in Naciste Pintada by Carmen Berenguer. Santiago, Chile. Alpha No. 22,  pp. 43-55.  ISSN 0716-4254 www.ulagos.cl/alphayindex.html

Ricciardelli R., y Clow K. (2009). Men, Appearance, and Cosmetic Surgery: The Role Of Self-Esteem and Comfort with the Body. Canadian Journal Of Sociology, 34(1), 105-134.




[1] Recuperado en http://belleza.uncomo.com/video/maquillaje-para-hombres-17348.html#ixzz3L4qXdqEV).
[2] Escrito en dos idiomas, con la intención de mostrarlo como analogía sobre como “maquillar” el lenguaje usando términos en inglés, para que se vea muy internacional y sofisticado (si se quiere, mas esnobista).
[3] Es un fenómeno que actualmente viene en aumento, comenzando desde los adolescentes, hasta llegar a jóvenes adultos, quienes se maquillan, como parte de ciertas prácticas habituales para resaltar sus rasgos de belleza masculina (en nuestra cultura algunos pueden ser categorizados -quizás erróneamente- como “metrosexuales”).
[4] Citar dragqueen, dragking, etc…
[5] Tenemos entonces: cremas para la piel, esmaltes de uñas, polvos faciales, champús para el pelo, brillos de labios, delineadores para ojos, no continúo con la interminable lista ya que el solo hecho de hablar sobre esto se vuelve inquietante, incómodo y  podría causar cierto escozor o herir susceptibilidades, al traicionar los más ocultos -y por qué no- los más vergonzosos secretos de esta cerrada logia de machos, acción que haría que mis congéneres me excluyeran, perdiendo todas las credenciales y beneficios como varón heterosexual monógamo machista, y otros títulos/jerarquías igualmente poderosos.
[6] Tradicional almacén colombiano, en el cual venden variados artículos para realizar las fiestas y reuniones infantiles, que tanto disfrutamos niños(as) y adultos.
[7] Dícese del hombre que es experto en cortejar y seducir a las mujeres (claro que, también a los hombres), histórica y coloquialmente denominado como un “donjuán”.

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